A Propósito y Los Propósitos del COVID-19

La madre tierra y todos sus habitantes incluyendo la familia humana, pedimos a gritos, ya con desesperación, un cambio ante la rotunda ceguera de los que gobiernan las altas esferas del poder.

Quiero dejar mis reflexiones sobre esta situación sin precedentes.

Finalmente, el futuro se ha hecho presente. Recuerdo que a finales de los años 60 escuché una idea que cambió mi imaginario acerca del planeta.

En aquel entonces, no tenía cómo discernir si se trataba de una visión futurista, un presagio, una utopía o la fantasía de un genio. El concepto absolutamente paradójico, de “la aldea global” fue una conceptualización magistral del sociólogo y filósofo canadiense Marshall McLuhan (1911-1980)

Hasta entonces, la aldea era un asentamiento rural, local y pequeño contrapuesto a algo con dimensión global, era la visión de un genio y sólo faltaba  tiempo para manifestarse.

Años después en una reunión de chamanes en el estado de Nueva York para hablar acerca de la unión del águila y el cóndor, escuché otra visión que despertó una inquietud visceral en lo que yo creía cierto acerca del futuro.

Aquella reunión de viejos sabios, que en su mayoría salían de sus pueblos por primera vez, nos dijeron que según las profecías que les habían legado sus ancestros, el mundo tal y como lo conocíamos y los valores que sostenían nuestra civilización, se derrumbarían y colapsarían para dar paso a un nuevo mundo.

Desde entonces he visto paso a paso como esas dos visiones se han ido acercando, sin embargo no es sino hasta esta pandemia vírica llamada Covid-19, que se manifiestan conjuntamente ambas visiones convirtiéndose en una realidad.

Ciertamente como dijo McLuhan, vivimos en una aldea global que viaja en una nave cósmica y que en éste justo momento está dando un giro, un vuelco, ya calculado en los mapas legados por los antiguos ancestros.

Los valores materialistas de nuestra civilización occidental, ya estaban en pleno derrumbe y ahora mismo se encuentran al borde del más incierto abismo.

Sin embargo y más allá de los oscuros orígenes de toda esta pandemia, nos toca elevar los ojos y sentir que somos parte de una compleja especie aun en el camino de su propia evolución.

La madre tierra y todos sus habitantes incluyendo la familia humana, pedimos a gritos, ya con desesperación, un cambio ante la rotunda ceguera de los que gobiernan las altas esferas del poder.

Este es el momento que todos los que trabajamos a favor de la conciencia colectiva estábamos esperando; lo que no sabíamos era cómo llegaría.

¿Cúal sería la forma en la cual todos, a escala planetaria, nos encontraríamos en la misma situación y bajo la misma amenaza?; sin la obligación o necesidad de tomar partido por una ideología, un color, una bandera, un movimiento, que nos tomaría sin distinción de credos, edad, condición social, económica, geográfica, donde todos fuésemos receptores o portadores del mismo mal, ¡un mal letal que se contagia!

Y este contagio que nos obliga a estar confinados nos lleva a la segunda gran prueba y oportunidad: ¡la de parar! Detener la vorágine frenética de hacer, hacer y hacer y no tener más tiempo que el de “no tener tiempo”.

En el mundo que conocemos  no teníamos tiempo sino para hacer que hacíamos, unos más que otros, todos llevados y arrastrados por el mismo castigo infernal, el de la inercia, que cuenta con muchos más muertos que esta pandemia.

“Llegó la hora del despertar de la ilusión de un progreso que parecía no tener fin.”

Y de hecho ha sido la inercia lo que nos tiene muerta la pasión, el canto alegre de los pájaros y el nuestro propio, nos tiene marchita el alma, y secuestrada la familia como tribu. El inerte ruido urbano de los motores callaba el sórdido y perverso silencio del anonimato, fuimos apagando los fogones que en este tiempo sin tiempo llamado confinamiento o Covid-19 se han vuelto a encender y las casas recuperan su aroma a hogar y la medicina de la unión está surgiendo como surge la primavera, una primavera esperada y anhelada por muchos durante cientos y cientos años.

Cuando cantamos en los balcones, rezamos en familia, cuando aplaudimos al trabajo de los sanitarios, cuando le llevamos comida al anciano y nos ocupamos de llamar a nuestros mayores, cuando nos importa la salud de los otros, cuando  quedarse en casa es el aporte mayor, cuando abrazamos y agradecemos el contacto humano, cuando esto sucede  lo que estamos logrando es elevar la vibración colectiva y la nuestra propia, estamos contagiando la alegría y la esperanza como un antídoto o vacuna para la curación del alma colectiva que es nuestra auténtica pandemia.

Llegó la hora del despertar de la ilusión de un progreso que parecía no tener fin.

De un progreso desequilibrado que olvida que somos una aldea, donde todos tenemos que ver con todos y con todo,  un progreso que se carga impiadosamente a la Madre Tierra con toda su naturaleza arrastrándose también nuestra propia naturaleza humana.

Un progreso que nos tiene confinados en la ilusión de una felicidad hipotecada, cuyo sistema alimentario está sustentado en modos de crueldad patentada hacia nuestros hermanos los animales.

Dejar caer los pilares de este progreso nos da la oportunidad de recordar que somos espíritus transitando una experiencia humana. Que todos al final somos aldeanos viajando por el Cósmos en el propósito de un progreso mayor para la especie.

Sin embargo…

Como humanidad aun nos queda por transitar la noche oscura en la que tendremos que despedir muchas cosas, enfrentar y sostener cambios profundos a nivel del sistema social y económico, de modo de vida y otras cosas que aun están por verse.

Los hilos del poder pueden estar poniendo en práctica un experimento social de “confinamiento en libertad”, no podemos olvidar lo que hemos vividos estos días durante el confinamiento  “QuédateEnCasa”.

Aprovechemos de hacer de esa casa nuestro auténtico hogar y  ojo con caer en la otra ilusión!, en la que la virtualidad podría ser un modo de vida en el que ya no necesitemos contacto humano real, ese puede ser el experimento de control por parte del poder y de ello pasaríamos a  la deshumanización total y el alma será vencida.

Las prácticas para elevar nuestro sistema vibracional nos permiten estar más despiertos, más alertas ante los letales condicionamientos del poder.

Nuestra responsabilidad actual es darnos cuenta que nos hemos estado preparando y al día de hoy tenemos todo el conocimiento, recursos y herramientas para elevar nuestra consciencia elevando nuestro sistema energético.

Las prácticas para ello que a la postre son también para elevar nuestro sistema vibracional y nuestras defensas inmunológicas son p.ej. meditar, hacer yoga o cualquier disciplina corporal, pensar en positivo, hacer voluntariados, cuidar, tener una alimentación consciente, sonreír, ser gentiles con nosotros y con los demás y muchas más herramientas que conocemos y están al  alcance de todos.

Estas son las claves que nos permiten estar más despiertos, más alertas ante los letales condicionamientos del poder.

De ese modo todos tenemos la oportunidad de participar de manera responsable y consciente con la co-creación de este nuevo amanecer! La primavera del camino hacia una nueva conciencia planetaria.

Published by hortensiacarrer

Sobre mi lo que puedo decir es que soy una incansable buscadora de la felicidad que viene desde adentro. Esto lo estoy haciendo desde muy jovencita, es el lado positivo de una infancia llena de acontecimientos muy tristes. Hoy puedo decir que la he encontrado y acompaño a las personas a buscar la suya propia.

7 thoughts on “A Propósito y Los Propósitos del COVID-19

  1. La humanidad está siendo bendecida…se nos está obsequiando una oportunidad más para despertar nuestra consciencia

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  2. Reflexiones muy acertadas en esta encrucijada en ir hacia adentro. El cambio es inminente donde la solidaridad, paciencia y tolerancia nos une subiendo nuestra vibración en AMOR.

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  3. Buenos días! Bonita reflexión querida amiga. Espero que podamos vivir más la espiritualidad y todos los valores éticos y morales que ella nos aporta.

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